Carlos Sánchez: “Pedagogía y contextualización, el futuro de cualquier buen periodista”

Anne-Wiebke Peters / Paloma Ollero

Carlos Sánchez. Fuente: El Confidencial
Carlos Sánchez. Fuente: El Confidencial

Carlos Sánchez es director adjunto del periódico El Confidencial. Estudió periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información de Madrid. Nada más terminar, hizo un curso y se presentó a una oposición que le llevaría a la redacción de RNE en Huelva. Después, volvió a la capital española, donde un jefe de informativos vio su currículum y le ofreció un puesto en la sección de economía de Radio Nacional de Madrid por haber hecho prácticas con anterioridad en el ámbito económico. Han pasado treinta años y continúa trabajando en esta misma rama del árbol periodístico.

 

 

¿Qué características tiene un buen periodista económico?

Yo creo que los periodistas económicos, hace unos años, estaban muy especializados. Antes había algunos periodistas que hacían información de banca, periodistas de información de la industria, otros hacían información laboral, otros macroeconomía, todo estaba más parcelado. Yo empecé a hacer información laboral, pero con el tiempo te das cuenta que lo que tienes que buscar es ser mucho más polivalente. No se puede ser un buen periodista de banca si no sabes macroeconomía, de igual forma que si no sabes de macroeconomía, tampoco puedes ser un buen periodista de política industrial o de información laboral. Por lo tanto, creo que la clave es ser muy polivalente y entender que los terrenos económicos están muy interrelacionados, que no es una cuestión de saber mucho sobre una sección pequeña, sino realmente tener una visión global de las cosas.

Todo periodista tiene, para cualquier tema, su propio enfoque, entonces, ¿qué le diferencia a usted de otros periodistas?

Lo más importante es tener una visión global, ni siquiera solamente de la economía, sino que también hay que tener en cuenta factores de política internacional, factores de política nacional, incluso de cultura, es decir que lo que me puede diferenciar con respecto a otros periodistas económicos es, que he hecho mucha información de todo tipo, entonces tengo una visión con mayor perspectiva que algunos compañeros míos que empezaron cuando yo y que se han dedicado a esta sección, a dar noticias, pero, probablemente, descontextualizadas y yo creo que no se puede entender la información económica si no sabes que hoy ha ganado las elecciones David Cameron en el Reino Unido porque cada vez el mundo está más globalizado y los fenómenos locales van desapareciendo. Cada vez hay una visión más global. Eso es en lo que yo me empeño mucho en mi trabajo.

¿Cuáles cree que son los temas más relevantes en economía en estos momentos?

Yo creo que el debate que hay en economía es, una vez que hemos superado la recesión, ver si el modelo económico que se está generando después de la salida es viable. No digo de la crisis, porque la crisis continúa y sigue habiendo muchísimo desempleo. Una vez que se haya superado la recesión, tenemos que ver si este modelo productivo es capaz de generar suficiente empleo de calidad que nos sirva para no volver a caer en los viejos vicios de la economía española, que es fundamentalmente que cada vez que hay un enfriamiento o una recesión en Europa o en otros países del mundo, la economía española sufre muchísimo más que la del resto de la Unión Europea. Para mí, ese es el gran debate; hacia dónde va la economía española y si es sostenible el crecimiento del 3% a largo plazo.

¿Y temas como el TTIP, del que se habla ahora mucho?

Creo que en España no hay un gran debate sobre el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos por algo que se puede entender perfectamente. Las dos terceras partes de nuestras exportaciones salen hacia la Unión Europea, y por lo tanto, tiene muy poco efecto. Evidentemente es un tema importante porque es un gran mercado. EE.UU. vale 300 millones de consumidores, pero la cartera de exportaciones de la gran empresa española ocupa un papel muy residual. Estamos más volcados, ya digo, en las dos terceras partes de la comunidad europea, luego algo a Asia y también a Latinoamérica, y Estados Unidos nunca ha tenido un peso fundamental en nuestras exportaciones. Es un tratado evidentemente importante, pero probablemente para otros países como Reino Unido, Irlanda, Alemania, incluso Francia, pero España está muy volcada a la Unión Europea.

¿Existe algún consejo de estilo a la hora de escribir información económica?

Siempre digo que el periodismo que estamos haciendo ahora mismo es escasamente pedagógico, lo que debe diferenciar a un buen periodista económico es la contextualización de la noticia, lo que hay detrás de ella. Pero es fundamental también la pedagogía. Es decir, explicar las cosas, que muchas veces no cuesta nada, en un párrafo meter un latiguillo para explicar qué es el IPC, o qué es el PIB real o una serie de conceptos que yo creo que debemos ser mucho más pedagógicos al utilizarlos y que, desgraciadamente lo hemos perdido en aras de meter noticias, muchos datos, muchas cifras que no aportan nada. La pedagogía sí que aporta mucho más a la hora de escribir. La gente tiene que entender lo que estás escribiendo. Se debería hacer tanto en economía como en política, internacional, en todo. Tenemos que hacer todos un esfuerzo por ser mucho más pedagógicos porque creemos muchas veces que la gente sabe cosas que realmente no sabe. O que las sabía y se le han olvidado y, de vez en cuando no está mal recordarlo. Pedagogía y contextualización yo creo que son el futuro de cualquier buen periodista. Más allá de lo obvio.

¿Tiene alguna recomendación para estudiantes a punto de graduarse que quieran dedicarse al periodismo económico?

Hay una asociación de periodistas económicos, la Asociación de Periodistas de Información Económica (APIE), que hace cursos todos los años donde chavales recién salidos de la facultad que están empezando ya a trabajar como becarios pueden apuntarse. Son muy interesantes porque ellos invitan a participar a sindicalistas, a empresarios, a líderes de opinión, a banqueros, para explicarles la economía en un tono distendido, no para sacar noticias, sino simplemente para aprender, tiene ese carácter pedagógico. Yo lo hice hace muchos años y me fue muy útil porque te familiarizas con el lenguaje económico y con los protagonistas. Creo que este curso es el mejor instrumento, más allá incluso de hacer másteres que al final te van a aportar probablemente poco. Y luego lógicamente entrar en algún periódico económico como becario, esa es la mejor manera de aprender para familiarizarte con tu trabajo.

 

Aurora Mínguez: “Saber idiomas es un sine qua non para ser corresponsal”

Aurora Mínguez en Berlín. Foto cedida por ella.
Aurora Mínguez en Berlín. Foto cedida por ella.

Aurora Mínguez es actualmente corresponsal en París de Radio Nacional de España. Desde 1992 a 1999 y de 2006 hasta 2014 ha sido corresponsal acreditada en Berlín. Desde septiembre de 2014 se encuentra en París. Su primer trabajo como periodista fue durante la época franquista en la agencia Piresa, de la Prensa del Movimiento. Pasó a trabajar casi cinco años en la oficina del portavoz de gobierno en Moncloa, para finalmente pasar a trabajar para Radio Nacional. Anteriormente también ha escrito para El Confidencial. Durante su parón como corresponsal fue jefa de internacional en RNE y durante tres años hizo dos programas de radio, Más Europa y Nosotros los europeos.

¿Fue a petición suya este cambio?
El jefe de informativos pretendía hacer cambios de corresponsales y me ofrecieron la posibilidad de cambiar. Tenía muchas dudas, pero acepté la oferta. También es verdad que quince años en Alemania es mucho tiempo y siempre he seguido temas europeos, me pareció muy interesante pasarme al otro lado del Rin. Francia es un país que siempre he seguido, a lo mejor no de una manera tan intensa como Alemania pero es un país cuya política y cultura me han interesado mucho. Aprendí francés cuando era una niña, por lo que siempre he podido leer en francés, he seguido de cerca las novedades cinematográficas, por tanto, no se trata de descubrir un país sino redescubrirlo, el cual conoces pero de una manera más superficial.

¿Por qué se convirtió en corresponsal?
Cuando llegué al Periodismo me parecía que ser corresponsal era un trabajo interesante, sobre todo si eres una persona interesada en los idiomas, en la vida de fuera de España. Entonces, el haber tenido contactos en Francia ya de niña me abrió los ojos, quise ver otra realidad diferente de esa España franquista. Mis primeros viajes fueron también al extranjero y cuando tenía 22 años descubrí Viena. Fue entonces cuando empecé a estudiar alemán, estaba claro que parte de mi formación me obligaría en algún momento era vivir fuera del país. Empecé a hacer información internacional, a interesarme por los temas, me dieron la oportunidad de ser enviada especial permanente durante los años 1989 y 1992 en los países del este de Europa, es decir, tuve el privilegio de ver la caída del comunismo en Polonia, en la República Checa, en Hungría, en Rumania, en Bulgaria. No cubrí la caída del muro de Berlín, porque en aquel entonces había un corresponsal en Bonn, pero sí cubrí las primeras elecciones libres en Alemania. Parte de la reunificación la viví también como enviada especial y luego en el año 1992, cuando estaba cubriendo la guerra en la antigua Yugoslavia, me ofrecieron el puesto de corresponsal en Bonn y, naturalmente, dije que sí.

¿Notó grandes diferencias entre ser corresponsal y ser periodista “normal”?
Hay muchísimas diferencias, aunque el método de trabajo es el mismo. La gran diferencia de cuando eres periodista en tu país es que no tienes que descubrir nada, todo te resulta más o menos familiar y sabes medianamente cuales son los líderes políticos, económicos y sociales. Y al llegar a un país que no conoces, sobre todo si no conoces nada, al principio te exige un esfuerzo adicional entender las claves mínimas. Soy de la opinión de que cuando un corresponsal llega a un país, los primeros meses, la información que ofrece es de una calidad muy mediana porque al principio todo te sorprende: no conoces las claves, el who is who, los equilibrios de fuerza; en resumen, eres como un niño que está descubriendo el mundo. Creo que necesitas un año o incluso dos para estar realmente en condiciones de ofrecer una buena información. Naturalmente, cuanto más experimentado eres, más fácil puede ser, pero aun así, considero que es muy importante estar en condiciones de entender la lengua, cosa que en algunos lugares es muy difícil. Viendo cómo se preparan los corresponsales alemanes y cómo lo hacen los españoles se nota una gran diferencia, los alemanes en las radios y televisiones públicas saben con casi un año de antelación a donde van y tienen tiempo para empezar a conocer la lengua, para prepararse más intensamente. Mientras, en España, las corresponsalías son una cosa muy aleatoria, muchas veces los nombramientos son más que cuestionables porque no todo el mundo vale para corresponsal, no todos están preparados para ello, en contra de lo que piensan algunos directores de medios y algunos jefes de informativos. Una persona que no sabe idiomas nunca debería ser corresponsal porque su información, evidentemente, no va a ser buena, depende de un traductor o de un productor que le dé su visión del tema. Un corresponsal nunca debería irse sin haber pasado previamente dos años en la sección de internacional, debería de tener una formación amplia, haber pasado un tiempo en la redacción.. Un tertuliano, desde mi punto de vista, no puede ser corresponsal. Sirve si acaso para hacer un trabajo superficial y un trabajo lleno de estereotipos, de informaciones en plan bricolaje, y eso quizás pueda servir para cubrir el expediente, pero eso no es un trabajo serio, no es el tipo de periodismo internacional por el que yo lucho y en el que creo. Es verdad que con las reducciones presupuestarias en los medios de comunicación la tendencia es que cada vez hay menos corresponsales fijos y cada vez intentan echar más mano de colaboradores, que son personas que están en un sitio y ofrecen su servicio, para los que pagan muy poco dinero.

Es decir, una de las mayores dificultades con las que uno se encuentra es no conocer el país.
Claro. Por eso creo que debería ser condición sine qua non que haya pasado previamente por la redacción de internacional. Así, al menos hay temas que conoces, aunque sea de manera superficial. Puedes conocer el papel que está jugando Rusia en estos momentos (su aspiración en convertirse de nuevo en una gran superpotencia), conoces básicamente las complejidades del conflicto árabe-israelí (clave para entender la lucha de los yihadistas), sabes lo que ha hecho en Estados Unidos el presidente de turno, te suena mínimamente cuál es el equilibrio de fuerzas en Europa (aunque sea un mundo aparte), la información europea, el papel dentro del club de los veintisiete que desempeña Alemania, el de Francia, Gran Bretaña, todo eso lo tienes que conocer. Son cosas que para alguien que nunca lo ha tratado es muy difícil que lo pueda entender y que lo pueda colocar en su contexto.

¿Qué más dificultades se encuentra uno?
Si uno habla la lengua, la primera dificultad queda resuelta. Si uno puede leer la prensa, escuchar la radio y ver la televisión, se puede hacer al menos una idea cotidiana de cuáles son los temas del día, de qué se habla en ese país, cuáles son las preocupaciones, cómo está actuando el Gobierno, cómo está reaccionando, por ejemplo, ante el tema económico. Una parte esencial es intentar tener contactos mínimos con el portavoz de gobierno de turno, saber quién es el jefe de prensa de los ministerios clave, quién es el jefe de la patronal, tienes que hacer tu propia agenda de personas y también empezar a tomar parte en la vida periodística de ese país: saber si hay una rueda de prensa del presidente o del primer ministro, saber si hay un evento que merece la pena, empezar a mover tu tarjeta de visita para que te empiecen a llegar comunicados o convocatorias. Todas esas cosas que hacen que poco a poco entres a formar parte del tejido periodístico del país. Evidentemente, si uno no habla la lengua, este tipo de cosas son difíciles, por no decir imposibles, de realizar. Para mí, es imprescindible si eres corresponsal, que hables con un nivel lo suficientemente alto para entender pasivamente de que se habla, y estar en condiciones de formular una pregunta, de poder expresarte mínimamente.

¿Cómo has visto la transformación de Alemania desde los años 90 al siglo XXI?
Alemania ha cambiado muchísimo. Para empezar, cuando llegué a Alemania en el año 1992, la capital seguía siendo Bonn. Hubo una votación en el Parlamento que convirtió Berlín oficialmente en la capital de la Alemania reunificada, pero hubo tantísimas resistencias del gobierno y de los funcionarios que vivían en Bonn, que el traslado definitivo no fue hasta el año 1999. Entre otras cosas, tenían que construir los nuevos ministerios, la nueva cancillería, modificar el Reichstag. Físicamente todo el mundo seguía en Bonn, las embajadas también. Aquella era una Alemania que estaba sufriendo las primeras consecuencias económicas de unas decisiones que se tomaron y no resultaron ser las mejores posibles. Por ejemplo, se decidió poner al mismo nivel el marco alemán y el marco occidental, y eso produjo un completo hundimiento de la economía de la Alemania oriental. Por otro lado, hubo que poner en marcha cantidades inmensas de dinero para salvar la economía de la República Democrática y para mejorar las infraestructuras, lo cual provocó que la Alemania reunificada entrara en un proceso de recesión. Hubo un gran aumento del paro, fueron los primeros momentos de tensión entre Ossis y Wessis. Recuerdo que llegué a Bonn en un momento socialmente crítico debido a la xenofobia quema de casas en las que vivían turcos, o lugares donde vivían demandantes de asilo. Al año siguiente la corresponsalía me trasladó a Berlín y allí viví en primera persona los choques entre esos dos mundos, el oriental y el occidental, la despedida de las fuerzas aliadas que seguían ocupando el territorio de la República Federal y también la marcha de los rusos que estaban ocupando la otra mitad del país. Fue el momento en el que Alemania empezó a cambiar en grandes dimensiones. Fue el momento de la creación de la unión monetaria europea, el comienzo de los debates en torno a la moneda única, el despertar de ese nuevo orgullo de ser alemán que se vivió sobre todo en el 2006…fueron momentos realmente interesantes donde asistí al crecimiento político de la Alemania reunificada, otorgando una hegemonía que Alemania no había soñado tener, al menos no de manera tan clara. Y poco a poco ha nacido la Alemania actual que conocemos todos, un país en el que las políticas de austeridad están creando unas diferencias brutales entre ricos y pobres, una sociedad en la que los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres, en la que los grandes ganadores de la reunificación son las grandes empresas que tienen muchas facilidades para pagar pocos impuestos y para exportar al máximo porque ese es el valor fundamental de la economía alemana, las grandes exportaciones. A lo largo de los últimos años hemos visto el crecimiento de esa especie de país adolescente a la actual República Federal. Fuerte, orgullosa de sí misma e, insisto, con un protagonismo que no quisieran tener y, de hecho, Angela Merkel está muy interesada en que Francia esté a su nivel para que el eje franco-alemán sirva un poco de pantalla de ese inmenso poder que tiene Berlín.

¿Existen diferencias entre ser corresponsal en Alemania y serlo en Francia?
El modus operandi es prácticamente el mismo. La cuestión es la posibilidad de acceso a las fuentes. Aquí, en Francia, hay una enorme diferencia respecto a Alemania, donde ser corresponsal extranjero es bastante más fácil en algunos aspectos, por ejemplo: los lunes, miércoles y viernes el portavoz de gobierno de Angela Merkel, Steffen Seibert, y los portavoces de los ministerios celebran ruedas de prensa abiertas a todos los periodistas acreditados ante el gobierno alemán y también para todos los corresponsales acreditados. Con lo cual tú, como corresponsal de Ucrania o de Irán tienes el mismo derecho que el periodista del Frankfurter Allgemeine Zeitung para hacer una pregunta a Seibert o a cualquier otro portavoz. Tienes la oportunidad de que ellos se queden con tu cara, es más fácil que sepan que tú eres tú y que representas a este medio porque si vas con frecuencia a ruedas de prensa y formulas preguntas, tarde o temprano te van a conocer. Eso es una cosa que aquí en Francia no existe. Aquí no hay una asociación de prensa extranjera tan fuerte como en Berlín. Aquí los periodistas no tenemos la posibilidad de acercarnos a entrevistar, ni de hacer preguntas sin ningún tipo de restricciones al portavoz de Hollande, ni al portavoz de Manuel Valls, el acceso a los ministerios es bastante más complicado. No existe la regularidad que existe en Berlín, es decir, tres días a la semana tienes ahí a todos los portavoces y tienes la posibilidad de preguntarles sobre cualquier tema y sin límite de tiempo. En Berlín, por ejemplo, Steffen Seibert no se va cuando él quiere, sino cuando se ha hecho la última pregunta. Excepto que haya alguna historia y él avise previamente. Pero normalmente son los periodistas los que deciden cuando se termina. Algunas han sido realmente largas, como cuando surgieron las escuchas ilegales a Angela Merkel por parte de los servicios secretos americanos. Hay una aspiración a la transparencia, a que la información fluya para que nunca se pueda decir que el gobierno alemán sea opaco. Es una cosa fantástica, la falta de arrogancia, empezando por la canciller y por su portavoz, que es una persona muy grata. En Francia no existe ese contacto directo e institucionalizado con todos los portavoces.

¿Qué es lo que más le gusta de ser corresponsal?
Primero el privilegio de descubrir un país y de aprender todos los días. Eres los ojos y los oídos de tus oyentes, de la gente que escucha tu radio o de la gente que lee tu periódico. Toda la información pasa por tu propia percepción. Para mí, algo importantísimo en la vida es aprender, no podría hacer un trabajo en el que todos los días hiciera lo mismo. Aquí todos los días tienes oportunidades. Pero luego a parte de aprender, tratas de entender porque las cosas funcionan de esa manera, de buscar por qué ahora es famoso un filósofo que es muy provocador, por qué son importantes las elecciones que se van a producir el siguiente fin de semana, ver si de verdad va a tener tanta importancia la extrema derecha, ver cómo evoluciona un político dentro de los partidos, qué va a ser de Francia, dentro de dos o tres años, con temas como la inmigración. Todo esto me gusta mucho. Es como escribir día a día una página de historia.

¿Qué le recomendaría a un estudiante de Periodismo que quiere ser corresponsal en algún momento de su trayectoria?
Saber idiomas es condición sine qua non, no solamente para ser corresponsal sino para ser periodista porque el nivel del periodismo en España está bajando, por lo tanto hay que intentar buscar lugares donde el nivel sea más elevado, donde haya menos tertulianos y más expertos. Hay que leer prensa, leer informes, ir a actos de think tanks, formarse, interesarte por las cosas. Entrar en una redacción de internacional me parece lógico pero muchas veces ser corresponsal es una cosa arbitraria en el sentido de que te puedes formar mucho, pero terminen nombrando a otro. No siempre se nombra a las personas que más se lo merecen. Creo que el sencillo hecho de querer aprender y de ser curioso ya es una buena condición para llegar a ser un buen periodista. Y un buen periodista, seguramente pueda ser un buen corresponsal.
Pero tengo serias dudas de que vayamos a salir adelante en esta crisis de periodismo. Y además los corresponsales, somos una especie en extinción, sobre todo en la fórmula de la que yo estoy disfrutando, por eso me considero doblemente privilegiada.

Delia Rodríguez: “Tenemos que encontrar una forma de no matar de aburrimiento a la gente”

Entrevista: Anne-Wiebke Peters
Edición: Anne-Wiebke Peters/Manuel Musmeci

Foto-Entrevista-Blog
Fuente: Anne-Wiebke Peters

Al hablar de periodismo digital es obligatorio pensar en Delia Rodríguez, una de las periodistas españolas que más tiempo lleva trabajando en éste ámbito.  Es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y, actualmente, es redactora jefe de El Huffington Post y colaboradora del programa de radio La Ventana  de la Cadena Ser. Ha escrito sobre Internet para muchos de los grandes medios españoles y también ha lanzado la web de alguno de ellos, como S Moda, la revista de moda de El País. Es, además, la autora del libro Memecracia: los virales que nos gobiernan.

¿Por qué después de la carrera te especializaste en periodismo digital?

 Yo no me especialicé después de la carrera. Cuando yo estudiaba, no se hablaba de periodismo digital, no se hizo ni una sola mención al Periodismo Digital en toda mi carrera. Durante la carrera ya empecé a trabajar como periodista digital. Yo empecé a trabajar en La Razón que acababa de nacer, llevaba un año de vida y ellos querían montar su versión digital. Estamos hablando del año 1999, es decir, los periódicos un poco más antiguos ya habían empezado a construir sus versiones digitales, pero había que montarla desde cero. Me llamó una compañera de la Facultad, diciendo que yo era la única persona de la Facultad que conocía que alguna vez había hablado de periodismo digital, de Internet o se ha conectado a Internet y me ofreció irme con ellos. Y así empecé.

¿El interés de los blogs también empezó a raíz de todo eso?

Yo siempre he tenido dos presencias en Internet. He tenido mi trabajo en Internet y luego mi vida como bloguera. Fui una de las primeras blogueras españolas. Tuve mi blog antes de acabar la carrera incluso. Recuerdo estar en los ordenadores de la facultad y encontrarme con la otra bloguera de España, Carmen Pacheco. Las dos actualizábamos nuestros blogs en la Facultad. Realmente fueron tiempos muy tempranos. Yo creo que todo va junto, si te interesa escribir y eres curioso es que te tienen que gustar los blogs también, escribir en Internet y tener un blog.

Es decir, estar en el periodismo digital va asociado a tener un blog.

Antes no, se despreciaban totalmente. No se consideraba que un periodista tuviera que tener un blog. De hecho yo empecé de una manera totalmente personal.

Hoy en día, sin embargo, parece casi obligatorio.

Sí, ahora ya sí. Un periodista debe tener su blog, tiene que tener Twitter, es decir, es la forma en la que ha evolucionado el oficio. Si te interesa comunicar y enterarte de lo que está pasando y contarle cosas a los demás te tienen que interesar los blogs, Twitter y Facebook, las redes sociales en general.

En cuanto a las redes sociales, ¿cómo están cambiando al mundo del periodismo?

Tienen mucha influencia. Los periodistas digitales estamos constantemente pendientes del tráfico, de dónde viene la gente. La gente, cada vez más, llega a ti a través de las redes sociales, es decir, no entran en la página principal de tu periódico y pinchan en tu noticia, sino que llegan a ella a través de Twitter o Facebook. Y, por ejemplo, en medios como El Huffington Post puede significar un 30% o 40%. Hay días que  puede ser un 40% del tráfico que te llega. Para un periodista digital es importantísimo lo que está pasando. Y en un nivel más amplio es muy importante lo que pasa con las redes sociales porque deciden lo que les interesa por su cuenta. Ya no hay agenda informativa ni agenda setting, ni este tipo de cosas que nos enseñaban en la Facultad sino que todo eso está desapareciendo cada vez más. Las redes sociales pueden decidir que, de repente, se hace viral un vídeo que no es una información o que no es nuevo o que no hay ninguna razón para que lo sea, pero todo el mundo está hablando de eso. Entonces, todo este tipo de contenidos están entrando en la agenda informativa.

Hablando de Twitter, hay periodistas que asocian su cuenta al medio para el que trabajan y otros que deciden no hacerlo. ¿Cuál crees que es el uso más correcto o más favorable?

Cada persona tiene su opinión. Yo, por ejemplo, estaba en Internet mucho antes que  El Huffington Post y pienso estar muchos más años después de El Huffington Post. Yo no soy mi medio, yo soy yo. Y me parece absurdo ligar mi personalidad en Internet a un medio. Me parece muy mala estrategia. Una persona no es su trabajo.

Entonces, los que deciden asociarla, ¿para qué es? ¿Para qué se les encuentre más fácilmente o para que se les identifique?

Da legitimidad. Si el uso que haces de la cuenta es profesional y asocias tu nombre con tu medio, la gente enseguida te reconoce. Para un uso profesional puede ser útil. Pero mi cuenta no es excesivamente personal, ni es excesivamente profesional, prefiero un camino medio, entonces, para mí no tiene ningún sentido.

En cuanto a El Huffington Post, al estar representado en varios países, ¿tienen todos la misma temática y el mismo formato o cambia según el lugar?

En Estado Unidos, tres cuartas partes del contenido puede que sea hecho por blogueros, el resto, es creación propia. En España, es al revés, la mayor parte de los contenidos está hecha desde dentro y tenemos muy pocos columnistas, eso depende de cada país. La estructura general sí que es común, es decir el diseño es el mismo, la tecnología también, el know-how es el mismo, pero cada país lo ha adaptado a su manera. Por ejemplo, Francia habla mucho de bienestar, mientras que Italia es muy le dedica mucho espacio a la política,  nosotros también somos muy políticos, en Reino Unido se habla mucho de celebrities. Cada país tiene su toque, su mercado local. De ahí la gracia del asunto, por eso Huffington Post se ha aliado con medios locales en cada país porque necesitan saber cuál es el espíritu de cada país. Esto es la gracia del asunto, saber el espíritu del ciudadano de cada país porque los medios son distintos en cada país.

Hablando de tu libro, en el tema de la Memecracia, ¿crees que con la expansión de las redes sociales y de Internet habrá cada vez más memes o se mantendrá un número más o menos estable?

Habrá cada vez más, porque cuanta más información más memes. Memes en el sentido amplio, no solo los montajes graciosos que se pasa la gente. Cuanta más información hay y más gente conectada a Internet hay, significa que todo se contagia más rápido.

¿Cuál es la esperanza de vida de un meme? ¿Es como las modas que desaparecen rápidamente? ¿Se puede comparar?

Depende, hay algunos como el Harlem Shake que atrajo a millones en muy poco tiempo y, de repente, cayó. El Gangnam Style se expandió también muy rápido, pero fue subiendo y seguro que un vídeo de Justin Bieber sigue subiendo. Otro ejemplo, las zapatillas con cuña, se hace un hueco en el mercado, lo copian las tiendas, pero luego baja rápidamente. Otros suben y bajan constantemente, como por ejemplo la Lambada. Hace muchos años se escuchaba mucho, luego ya no se supo de ella y ahora la vuelve a reciclar Jennifer López, por lo tanto, vuelve a subir. En general, nunca mueren, lo que pasa es que dejamos de acordarnos de ellos, pero luego vuelven a ponerse de moda. Una vez que existe la idea no desaparece.

¿Por qué motivos compartimos éste tipo de cosas?

Hay muchas causas. Una de ellas es el sentimiento de grupo, porque cuando tú entiendes una jerga y los demás no, pues la usas. Es una forma de entenderte entre iguales. Hay otros que tienen contenido político, otros que son pura creación artística aunque sea muy burda, otros se basan en la función comunicativa. Por ejemplo, el Ola k ase tiene esa función comunicativa. Es una manera de decirle a otra persona “Hola, me he acordado de ti”. Todo este tipo de memes tienen esa función, de estar en contacto con los amigos y de seguir formando redes. Luego, hay investigadores que dicen que estas redes pueden servir para cosas más importantes como organizar una manifestación, una huelga o lo que sea.

¿Es peligroso el gran tráfico que aportan estos memes?

Sí, lo que pasa es que nos generan mucho tráfico, a la gente le interesa y lo quiere ver. Y de alguna forma, los periodistas le damos cada vez más importancia al tráfico porque queremos mantener nuestro trabajo y seguir siendo periodistas. Y ese es el problema que estamos llenando todo de ruido. Y el problema no es un meme como el Ola k ase, sino que el problema es que, por ejemplo, hay un Debate del Estado de la Nación y solo hacemos caso a la metedura de pata de uno, la vestimenta de otro, este tipo de anécdotas por encima de lo realmente importante. Ese es el verdadero problema.

¿Crees que existe una salvación, un distanciamiento de los memes?

Creo que irá cada vez a más, pero también creo que va a haber un movimiento en contra. Tanto de la gente que se empieza a cansar y también de los propios periodistas que intentemos crear nuevos modelos y pensemos un poco en lo que estamos haciendo. Pienso que vamos a ver cosas muy interesantes en el periodismo de los próximos años. Porque estas cosas también te enseñan lo que es interesante y lo que no. Y en prensa hemos llegado hasta este panorama porque hemos matado de aburrimiento a la gente. Como anécdota, el otro día iba en el tren, daban el periódico gratis y nadie lo cogía, no lo querían ni regalado. Así que creo que tenemos que encontrar una forma de no matar de aburrimiento a la gente.

¿Hasta qué punto pueden ser verdaderamente peligrosos los nuevos medios de comunicación, como las redes sociales, para el periodista por el hecho de poder meter la pata ante tanta gente?

Desde un punto de vista individual es muy peligroso porque te cargas toda tu reputación en muy poco tiempo. Y luego, desde el punto de vista colectivo también es muy peligroso porque cuando estás cayendo en la metedura de pata de los demás tienes un problema. Cuando pasó lo de la foto falsa de Chávez en El País, fueron las redes sociales que avisaron de la metedura de pata. Fue en Twitter donde la gente avisaba de que eso era falso.

Como el fallo de Sara Carbonero en la Eurocopa, que propició todo aquello de “Gracias Sara”…

Sí, es que todo lo que dice y haga Sara Carbonero, sea acertado o desacertado produce un tráfico enorme. Por ejemplo, hace poco se sacó un vídeo de ella haciendo punto, un vídeo absurdo y fue de lo más visto en YouTube España enseguida. Y también todos los medios llenos de noticias de Sara Carbonero haciendo punto. Es como Mariló Montero, como sus meteduras de pata generan tráfico, no se perdonan. También tiene que ver con que son mujeres, son muy visibles y generan un tráfico enorme. Y además, un meme se suma al anterior, es decir, cuanto más mete la pata Mariló, más famoso se hace todo.

¿Hay todavía cosas nuevas que te pueden enseñar amigos o compañeros de profesión acerca de los memes, o ya lo conoces todo?

Claro que me siguen enseñando, constantemente. El otro día me invitaron a hablar a un sitio y uno de los temas de la jornada era la monja tuitera. Y me preguntaron si sabía que había en Facebook una página de memes católicos. La verdad me quedé sorprendida. Si hay un tema que no me interesa, me puedo pasar la vida sin saber que eso existe. Cada uno vivimos en nuestra cámara de eco, es decir, nosotros tenemos nuestros amigos, la gente que nos filtra las cosas y eso es lo bueno y malo de las redes sociales. Lo bueno es que estamos rodeados de amigos y de gente muy afín, así que si algo nos va a interesar es muy probable que nos llegue, pero si algo está fuera de nuestro radar es muy difícil que nos enteremos. Creemos que estamos súper informados de todo y, sin embargo, hay cosas de las que no nos vamos a enterar jamás. Tenemos cierta prepotencia acerca de lo que conocemos, creyendo que lo sabemos todo sobre ese tema.

Para finalizar, el asunto de la Ley de Propiedad Intelectual, que se quiere quitar que Google aporte las noticias, ¿afecta también a la redacción?

No se va a quitar porque aporta mucho tráfico. Además hay periódicos que solo hacen noticias para Google News. Lo que quieren es dinero de Google, es decir, es una industria en decadencia, están buscando como sea que alguien subvencione esas pérdidas y Google tiene mucho dinero y es un buen candidato para ello. Pero no creo que vaya a tener éxito porque Google es demasiado poderoso como para que le obliguen a hacer nada. Tienen mucho más que perder los medios que Google.