A punto de terminar … ¿ahora qué?

La carrera está a punto de terminar. Pero tampoco le prestas demasiada atención a ese final inminente porque estás más pendiente de acabar el maldito TFG.

Pero ahora de verdad: ¿Qué vas a hacer? ¿Un voluntariado? ¿Un máster? ¿Otra carrera? ¿Trabajar?
Es una decisión realmente difícil y agotadora, sé de lo que hablo, me tocó tomar esa decisión dos años atras.

Sabía más o menos que no quería seguir estudiando, así que un máster estaba descartado. Fue durante el vuelo a nuestro viaje fin de carrera a Gran Canaria cuando la decisión apareció. De verdad … fue así, simplemente lo sabía de repente. Sabía que iba a volver a mi páis natal – Alemania. Aun no tenía el TFG terminado, pero mis expectativas de encontrar un trabajo decente de periodista en Cuenca … os podéis imaginar.

Así que tomé esta decisión o la decisión me tomó a mí … a saber.

Volver a Alemania, después de ocho anos no fue fácil, pero mereció muchísimo la pena. Mientras seguía escribiendo mi TFG, trabajé como camarera en un café y como reponedora en una tienda de bricolaje.

No era el curro de mis sueños (aunque sigo trabajando en el café porque me gusta), pero tenía trabajo y llegaba sin problemas a fin de mes.

Y ahora, casi dos años mas tarde, trabajo en proyectos para una empresa automovilística en una agencia de comunicación y marketing. No es un periódico, ni la radio, ni tampoco la tele. Y tampoco trabajo del todo como redactora. Por supuesto que hay días que quiero gritar, coger el coche e irme.
¿Cambiaría algo? No. No eres periodista o redactor de un día para otro. Esto es como aprender a andar. Paso a paso. Caes. A veces no quieres volver a levantarte. Pero … seamos  sinceros. Esta es la vida que TÚ has elegido. Que YO he elegido. Podría haber sido traductora o camarera. Pero soy periodista. Es mi  vocación. Y la tuya si lees esto. 

Aprender a veces duele. Pero merece la pena. 

Así que, elige lo que quieras. No hay malas decisiones, solo experiencias. Eres libre de cambiar de opinión en cualquier momento. Pero tienes que ser tú quien decide qué hacer después de la carrera. Cualquier opción es buena, mientras que tú mismo la hayas tomado.

Carlos Sánchez: “Pedagogía y contextualización, el futuro de cualquier buen periodista”

Anne-Wiebke Peters / Paloma Ollero

Carlos Sánchez. Fuente: El Confidencial
Carlos Sánchez. Fuente: El Confidencial

Carlos Sánchez es director adjunto del periódico El Confidencial. Estudió periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información de Madrid. Nada más terminar, hizo un curso y se presentó a una oposición que le llevaría a la redacción de RNE en Huelva. Después, volvió a la capital española, donde un jefe de informativos vio su currículum y le ofreció un puesto en la sección de economía de Radio Nacional de Madrid por haber hecho prácticas con anterioridad en el ámbito económico. Han pasado treinta años y continúa trabajando en esta misma rama del árbol periodístico.

 

 

¿Qué características tiene un buen periodista económico?

Yo creo que los periodistas económicos, hace unos años, estaban muy especializados. Antes había algunos periodistas que hacían información de banca, periodistas de información de la industria, otros hacían información laboral, otros macroeconomía, todo estaba más parcelado. Yo empecé a hacer información laboral, pero con el tiempo te das cuenta que lo que tienes que buscar es ser mucho más polivalente. No se puede ser un buen periodista de banca si no sabes macroeconomía, de igual forma que si no sabes de macroeconomía, tampoco puedes ser un buen periodista de política industrial o de información laboral. Por lo tanto, creo que la clave es ser muy polivalente y entender que los terrenos económicos están muy interrelacionados, que no es una cuestión de saber mucho sobre una sección pequeña, sino realmente tener una visión global de las cosas.

Todo periodista tiene, para cualquier tema, su propio enfoque, entonces, ¿qué le diferencia a usted de otros periodistas?

Lo más importante es tener una visión global, ni siquiera solamente de la economía, sino que también hay que tener en cuenta factores de política internacional, factores de política nacional, incluso de cultura, es decir que lo que me puede diferenciar con respecto a otros periodistas económicos es, que he hecho mucha información de todo tipo, entonces tengo una visión con mayor perspectiva que algunos compañeros míos que empezaron cuando yo y que se han dedicado a esta sección, a dar noticias, pero, probablemente, descontextualizadas y yo creo que no se puede entender la información económica si no sabes que hoy ha ganado las elecciones David Cameron en el Reino Unido porque cada vez el mundo está más globalizado y los fenómenos locales van desapareciendo. Cada vez hay una visión más global. Eso es en lo que yo me empeño mucho en mi trabajo.

¿Cuáles cree que son los temas más relevantes en economía en estos momentos?

Yo creo que el debate que hay en economía es, una vez que hemos superado la recesión, ver si el modelo económico que se está generando después de la salida es viable. No digo de la crisis, porque la crisis continúa y sigue habiendo muchísimo desempleo. Una vez que se haya superado la recesión, tenemos que ver si este modelo productivo es capaz de generar suficiente empleo de calidad que nos sirva para no volver a caer en los viejos vicios de la economía española, que es fundamentalmente que cada vez que hay un enfriamiento o una recesión en Europa o en otros países del mundo, la economía española sufre muchísimo más que la del resto de la Unión Europea. Para mí, ese es el gran debate; hacia dónde va la economía española y si es sostenible el crecimiento del 3% a largo plazo.

¿Y temas como el TTIP, del que se habla ahora mucho?

Creo que en España no hay un gran debate sobre el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos por algo que se puede entender perfectamente. Las dos terceras partes de nuestras exportaciones salen hacia la Unión Europea, y por lo tanto, tiene muy poco efecto. Evidentemente es un tema importante porque es un gran mercado. EE.UU. vale 300 millones de consumidores, pero la cartera de exportaciones de la gran empresa española ocupa un papel muy residual. Estamos más volcados, ya digo, en las dos terceras partes de la comunidad europea, luego algo a Asia y también a Latinoamérica, y Estados Unidos nunca ha tenido un peso fundamental en nuestras exportaciones. Es un tratado evidentemente importante, pero probablemente para otros países como Reino Unido, Irlanda, Alemania, incluso Francia, pero España está muy volcada a la Unión Europea.

¿Existe algún consejo de estilo a la hora de escribir información económica?

Siempre digo que el periodismo que estamos haciendo ahora mismo es escasamente pedagógico, lo que debe diferenciar a un buen periodista económico es la contextualización de la noticia, lo que hay detrás de ella. Pero es fundamental también la pedagogía. Es decir, explicar las cosas, que muchas veces no cuesta nada, en un párrafo meter un latiguillo para explicar qué es el IPC, o qué es el PIB real o una serie de conceptos que yo creo que debemos ser mucho más pedagógicos al utilizarlos y que, desgraciadamente lo hemos perdido en aras de meter noticias, muchos datos, muchas cifras que no aportan nada. La pedagogía sí que aporta mucho más a la hora de escribir. La gente tiene que entender lo que estás escribiendo. Se debería hacer tanto en economía como en política, internacional, en todo. Tenemos que hacer todos un esfuerzo por ser mucho más pedagógicos porque creemos muchas veces que la gente sabe cosas que realmente no sabe. O que las sabía y se le han olvidado y, de vez en cuando no está mal recordarlo. Pedagogía y contextualización yo creo que son el futuro de cualquier buen periodista. Más allá de lo obvio.

¿Tiene alguna recomendación para estudiantes a punto de graduarse que quieran dedicarse al periodismo económico?

Hay una asociación de periodistas económicos, la Asociación de Periodistas de Información Económica (APIE), que hace cursos todos los años donde chavales recién salidos de la facultad que están empezando ya a trabajar como becarios pueden apuntarse. Son muy interesantes porque ellos invitan a participar a sindicalistas, a empresarios, a líderes de opinión, a banqueros, para explicarles la economía en un tono distendido, no para sacar noticias, sino simplemente para aprender, tiene ese carácter pedagógico. Yo lo hice hace muchos años y me fue muy útil porque te familiarizas con el lenguaje económico y con los protagonistas. Creo que este curso es el mejor instrumento, más allá incluso de hacer másteres que al final te van a aportar probablemente poco. Y luego lógicamente entrar en algún periódico económico como becario, esa es la mejor manera de aprender para familiarizarte con tu trabajo.

 

Precaria España

Hace ya dos años que salió publicado el informe Desigualdad y Derechos sociales, de la Fundación FOESSA (Fomento de Estudios Sociales y Sociología Aplicada), en el cual se lleva a cabo un breve análisis de cuatro puntos clave: renta y desigualdad, empleo, pobreza y privación y derecho sociales. Este documento fue elaborado en plena crisis y a dos años de la fecha límite de cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), en el 2015.  ¿Qué son esos objetivos? ¿Os habéis fijado alguna vez en los edificios de Cáritas en los últimos quince años? Al menos aquí en Cuenca, había ocho pancartas repartidas por ambos lados del edificio. Durante años han estado allí. La primera o segunda vez que lo ves te paras a leerlas, después pasa a formar parte de tu entorno y en realidad no te paras a pensar qué significan, simplemente está ahí. Sólo el 31% de los españoles habían oído hablar alguna vez de los ODM, según el Barómetro 2010 de la Fundación Carolina. “Lo global” parece no interesar a la gente, sin embargo, está directamente conectado con “lo local”, lo que pasa en tu propio país, en tu propia casa. Y, ¿cómo está el panorama español?

Fuente: Fundación Aquae
Fuente: Fundación Aquae

Según este informe del año 2013 de la Fundación FOESSA, España va en caída libre. Niveles históricos de desempleo, una enorme pérdida de bienestar debido a la variación de la renta per cápita, exclusión social… Y las políticas de austeridad dictadas por la Unión Europea y el Gobierno español no ayudan a paliar estos malos datos.

La renta ha bajado, pero el coste de vida ha subido. Hoy día no se pueden comprar los mismos productos en el supermercado con 20€ que hace quince años. Suena a tópico, pero así lo indica el Índice de la FAO sobre el precio de los alimentos. Si a esto le sumamos la subida de impuestos como el IRPF o el IVA y la bajada de prestaciones sociales, el problema se agrava. Antes, más estudios eran sinónimo de un mejor currículo y, por tanto, de mayores posibilidades para encontrar trabajo. Sin embargo, estudiar también se ha vuelto más caro y las ayudas a los estudios más difíciles de conseguir, así como el dinero que el Gobierno destinada a I+D+i. Aun así, algunos consiguen estudiar, otra carrera, otro módulo de formación profesional y, por desgracia, al final, emigran a otro país donde les es más sencillo encontrar un puesto de trabajo digno porque, junto con todo lo anteriormente mencionado, encima llegó la Reforma Laboral en 2012. Dicha reforma impone “diferentes medidas que han recortado sustancialmente la protección del puesto de trabajo, como la mayor facilidad para el despido objetivo, la eliminación de la autorización administrativa en los expedientes de regulación de empleo y el menor coste del despido no justificado”.

Obviamente, España cumple, más o menos, los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio. No obstante, con las políticas llevadas a cabo desde el inicio de la crisis en 2008, la pobreza ha aumentado sustancialmente y nunca antes ha habido un crecimiento tan alto de desigualdad.

La economía es, en cierto modo, un círculo vicioso. En algún punto hay que repensar y plantearse si las decisiones que se han tomado son las adecuadas, por el bien de todos los españoles.

 

Aurora Mínguez: “Saber idiomas es un sine qua non para ser corresponsal”

Aurora Mínguez en Berlín. Foto cedida por ella.
Aurora Mínguez en Berlín. Foto cedida por ella.

Aurora Mínguez es actualmente corresponsal en París de Radio Nacional de España. Desde 1992 a 1999 y de 2006 hasta 2014 ha sido corresponsal acreditada en Berlín. Desde septiembre de 2014 se encuentra en París. Su primer trabajo como periodista fue durante la época franquista en la agencia Piresa, de la Prensa del Movimiento. Pasó a trabajar casi cinco años en la oficina del portavoz de gobierno en Moncloa, para finalmente pasar a trabajar para Radio Nacional. Anteriormente también ha escrito para El Confidencial. Durante su parón como corresponsal fue jefa de internacional en RNE y durante tres años hizo dos programas de radio, Más Europa y Nosotros los europeos.

¿Fue a petición suya este cambio?
El jefe de informativos pretendía hacer cambios de corresponsales y me ofrecieron la posibilidad de cambiar. Tenía muchas dudas, pero acepté la oferta. También es verdad que quince años en Alemania es mucho tiempo y siempre he seguido temas europeos, me pareció muy interesante pasarme al otro lado del Rin. Francia es un país que siempre he seguido, a lo mejor no de una manera tan intensa como Alemania pero es un país cuya política y cultura me han interesado mucho. Aprendí francés cuando era una niña, por lo que siempre he podido leer en francés, he seguido de cerca las novedades cinematográficas, por tanto, no se trata de descubrir un país sino redescubrirlo, el cual conoces pero de una manera más superficial.

¿Por qué se convirtió en corresponsal?
Cuando llegué al Periodismo me parecía que ser corresponsal era un trabajo interesante, sobre todo si eres una persona interesada en los idiomas, en la vida de fuera de España. Entonces, el haber tenido contactos en Francia ya de niña me abrió los ojos, quise ver otra realidad diferente de esa España franquista. Mis primeros viajes fueron también al extranjero y cuando tenía 22 años descubrí Viena. Fue entonces cuando empecé a estudiar alemán, estaba claro que parte de mi formación me obligaría en algún momento era vivir fuera del país. Empecé a hacer información internacional, a interesarme por los temas, me dieron la oportunidad de ser enviada especial permanente durante los años 1989 y 1992 en los países del este de Europa, es decir, tuve el privilegio de ver la caída del comunismo en Polonia, en la República Checa, en Hungría, en Rumania, en Bulgaria. No cubrí la caída del muro de Berlín, porque en aquel entonces había un corresponsal en Bonn, pero sí cubrí las primeras elecciones libres en Alemania. Parte de la reunificación la viví también como enviada especial y luego en el año 1992, cuando estaba cubriendo la guerra en la antigua Yugoslavia, me ofrecieron el puesto de corresponsal en Bonn y, naturalmente, dije que sí.

¿Notó grandes diferencias entre ser corresponsal y ser periodista “normal”?
Hay muchísimas diferencias, aunque el método de trabajo es el mismo. La gran diferencia de cuando eres periodista en tu país es que no tienes que descubrir nada, todo te resulta más o menos familiar y sabes medianamente cuales son los líderes políticos, económicos y sociales. Y al llegar a un país que no conoces, sobre todo si no conoces nada, al principio te exige un esfuerzo adicional entender las claves mínimas. Soy de la opinión de que cuando un corresponsal llega a un país, los primeros meses, la información que ofrece es de una calidad muy mediana porque al principio todo te sorprende: no conoces las claves, el who is who, los equilibrios de fuerza; en resumen, eres como un niño que está descubriendo el mundo. Creo que necesitas un año o incluso dos para estar realmente en condiciones de ofrecer una buena información. Naturalmente, cuanto más experimentado eres, más fácil puede ser, pero aun así, considero que es muy importante estar en condiciones de entender la lengua, cosa que en algunos lugares es muy difícil. Viendo cómo se preparan los corresponsales alemanes y cómo lo hacen los españoles se nota una gran diferencia, los alemanes en las radios y televisiones públicas saben con casi un año de antelación a donde van y tienen tiempo para empezar a conocer la lengua, para prepararse más intensamente. Mientras, en España, las corresponsalías son una cosa muy aleatoria, muchas veces los nombramientos son más que cuestionables porque no todo el mundo vale para corresponsal, no todos están preparados para ello, en contra de lo que piensan algunos directores de medios y algunos jefes de informativos. Una persona que no sabe idiomas nunca debería ser corresponsal porque su información, evidentemente, no va a ser buena, depende de un traductor o de un productor que le dé su visión del tema. Un corresponsal nunca debería irse sin haber pasado previamente dos años en la sección de internacional, debería de tener una formación amplia, haber pasado un tiempo en la redacción.. Un tertuliano, desde mi punto de vista, no puede ser corresponsal. Sirve si acaso para hacer un trabajo superficial y un trabajo lleno de estereotipos, de informaciones en plan bricolaje, y eso quizás pueda servir para cubrir el expediente, pero eso no es un trabajo serio, no es el tipo de periodismo internacional por el que yo lucho y en el que creo. Es verdad que con las reducciones presupuestarias en los medios de comunicación la tendencia es que cada vez hay menos corresponsales fijos y cada vez intentan echar más mano de colaboradores, que son personas que están en un sitio y ofrecen su servicio, para los que pagan muy poco dinero.

Es decir, una de las mayores dificultades con las que uno se encuentra es no conocer el país.
Claro. Por eso creo que debería ser condición sine qua non que haya pasado previamente por la redacción de internacional. Así, al menos hay temas que conoces, aunque sea de manera superficial. Puedes conocer el papel que está jugando Rusia en estos momentos (su aspiración en convertirse de nuevo en una gran superpotencia), conoces básicamente las complejidades del conflicto árabe-israelí (clave para entender la lucha de los yihadistas), sabes lo que ha hecho en Estados Unidos el presidente de turno, te suena mínimamente cuál es el equilibrio de fuerzas en Europa (aunque sea un mundo aparte), la información europea, el papel dentro del club de los veintisiete que desempeña Alemania, el de Francia, Gran Bretaña, todo eso lo tienes que conocer. Son cosas que para alguien que nunca lo ha tratado es muy difícil que lo pueda entender y que lo pueda colocar en su contexto.

¿Qué más dificultades se encuentra uno?
Si uno habla la lengua, la primera dificultad queda resuelta. Si uno puede leer la prensa, escuchar la radio y ver la televisión, se puede hacer al menos una idea cotidiana de cuáles son los temas del día, de qué se habla en ese país, cuáles son las preocupaciones, cómo está actuando el Gobierno, cómo está reaccionando, por ejemplo, ante el tema económico. Una parte esencial es intentar tener contactos mínimos con el portavoz de gobierno de turno, saber quién es el jefe de prensa de los ministerios clave, quién es el jefe de la patronal, tienes que hacer tu propia agenda de personas y también empezar a tomar parte en la vida periodística de ese país: saber si hay una rueda de prensa del presidente o del primer ministro, saber si hay un evento que merece la pena, empezar a mover tu tarjeta de visita para que te empiecen a llegar comunicados o convocatorias. Todas esas cosas que hacen que poco a poco entres a formar parte del tejido periodístico del país. Evidentemente, si uno no habla la lengua, este tipo de cosas son difíciles, por no decir imposibles, de realizar. Para mí, es imprescindible si eres corresponsal, que hables con un nivel lo suficientemente alto para entender pasivamente de que se habla, y estar en condiciones de formular una pregunta, de poder expresarte mínimamente.

¿Cómo has visto la transformación de Alemania desde los años 90 al siglo XXI?
Alemania ha cambiado muchísimo. Para empezar, cuando llegué a Alemania en el año 1992, la capital seguía siendo Bonn. Hubo una votación en el Parlamento que convirtió Berlín oficialmente en la capital de la Alemania reunificada, pero hubo tantísimas resistencias del gobierno y de los funcionarios que vivían en Bonn, que el traslado definitivo no fue hasta el año 1999. Entre otras cosas, tenían que construir los nuevos ministerios, la nueva cancillería, modificar el Reichstag. Físicamente todo el mundo seguía en Bonn, las embajadas también. Aquella era una Alemania que estaba sufriendo las primeras consecuencias económicas de unas decisiones que se tomaron y no resultaron ser las mejores posibles. Por ejemplo, se decidió poner al mismo nivel el marco alemán y el marco occidental, y eso produjo un completo hundimiento de la economía de la Alemania oriental. Por otro lado, hubo que poner en marcha cantidades inmensas de dinero para salvar la economía de la República Democrática y para mejorar las infraestructuras, lo cual provocó que la Alemania reunificada entrara en un proceso de recesión. Hubo un gran aumento del paro, fueron los primeros momentos de tensión entre Ossis y Wessis. Recuerdo que llegué a Bonn en un momento socialmente crítico debido a la xenofobia quema de casas en las que vivían turcos, o lugares donde vivían demandantes de asilo. Al año siguiente la corresponsalía me trasladó a Berlín y allí viví en primera persona los choques entre esos dos mundos, el oriental y el occidental, la despedida de las fuerzas aliadas que seguían ocupando el territorio de la República Federal y también la marcha de los rusos que estaban ocupando la otra mitad del país. Fue el momento en el que Alemania empezó a cambiar en grandes dimensiones. Fue el momento de la creación de la unión monetaria europea, el comienzo de los debates en torno a la moneda única, el despertar de ese nuevo orgullo de ser alemán que se vivió sobre todo en el 2006…fueron momentos realmente interesantes donde asistí al crecimiento político de la Alemania reunificada, otorgando una hegemonía que Alemania no había soñado tener, al menos no de manera tan clara. Y poco a poco ha nacido la Alemania actual que conocemos todos, un país en el que las políticas de austeridad están creando unas diferencias brutales entre ricos y pobres, una sociedad en la que los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres, en la que los grandes ganadores de la reunificación son las grandes empresas que tienen muchas facilidades para pagar pocos impuestos y para exportar al máximo porque ese es el valor fundamental de la economía alemana, las grandes exportaciones. A lo largo de los últimos años hemos visto el crecimiento de esa especie de país adolescente a la actual República Federal. Fuerte, orgullosa de sí misma e, insisto, con un protagonismo que no quisieran tener y, de hecho, Angela Merkel está muy interesada en que Francia esté a su nivel para que el eje franco-alemán sirva un poco de pantalla de ese inmenso poder que tiene Berlín.

¿Existen diferencias entre ser corresponsal en Alemania y serlo en Francia?
El modus operandi es prácticamente el mismo. La cuestión es la posibilidad de acceso a las fuentes. Aquí, en Francia, hay una enorme diferencia respecto a Alemania, donde ser corresponsal extranjero es bastante más fácil en algunos aspectos, por ejemplo: los lunes, miércoles y viernes el portavoz de gobierno de Angela Merkel, Steffen Seibert, y los portavoces de los ministerios celebran ruedas de prensa abiertas a todos los periodistas acreditados ante el gobierno alemán y también para todos los corresponsales acreditados. Con lo cual tú, como corresponsal de Ucrania o de Irán tienes el mismo derecho que el periodista del Frankfurter Allgemeine Zeitung para hacer una pregunta a Seibert o a cualquier otro portavoz. Tienes la oportunidad de que ellos se queden con tu cara, es más fácil que sepan que tú eres tú y que representas a este medio porque si vas con frecuencia a ruedas de prensa y formulas preguntas, tarde o temprano te van a conocer. Eso es una cosa que aquí en Francia no existe. Aquí no hay una asociación de prensa extranjera tan fuerte como en Berlín. Aquí los periodistas no tenemos la posibilidad de acercarnos a entrevistar, ni de hacer preguntas sin ningún tipo de restricciones al portavoz de Hollande, ni al portavoz de Manuel Valls, el acceso a los ministerios es bastante más complicado. No existe la regularidad que existe en Berlín, es decir, tres días a la semana tienes ahí a todos los portavoces y tienes la posibilidad de preguntarles sobre cualquier tema y sin límite de tiempo. En Berlín, por ejemplo, Steffen Seibert no se va cuando él quiere, sino cuando se ha hecho la última pregunta. Excepto que haya alguna historia y él avise previamente. Pero normalmente son los periodistas los que deciden cuando se termina. Algunas han sido realmente largas, como cuando surgieron las escuchas ilegales a Angela Merkel por parte de los servicios secretos americanos. Hay una aspiración a la transparencia, a que la información fluya para que nunca se pueda decir que el gobierno alemán sea opaco. Es una cosa fantástica, la falta de arrogancia, empezando por la canciller y por su portavoz, que es una persona muy grata. En Francia no existe ese contacto directo e institucionalizado con todos los portavoces.

¿Qué es lo que más le gusta de ser corresponsal?
Primero el privilegio de descubrir un país y de aprender todos los días. Eres los ojos y los oídos de tus oyentes, de la gente que escucha tu radio o de la gente que lee tu periódico. Toda la información pasa por tu propia percepción. Para mí, algo importantísimo en la vida es aprender, no podría hacer un trabajo en el que todos los días hiciera lo mismo. Aquí todos los días tienes oportunidades. Pero luego a parte de aprender, tratas de entender porque las cosas funcionan de esa manera, de buscar por qué ahora es famoso un filósofo que es muy provocador, por qué son importantes las elecciones que se van a producir el siguiente fin de semana, ver si de verdad va a tener tanta importancia la extrema derecha, ver cómo evoluciona un político dentro de los partidos, qué va a ser de Francia, dentro de dos o tres años, con temas como la inmigración. Todo esto me gusta mucho. Es como escribir día a día una página de historia.

¿Qué le recomendaría a un estudiante de Periodismo que quiere ser corresponsal en algún momento de su trayectoria?
Saber idiomas es condición sine qua non, no solamente para ser corresponsal sino para ser periodista porque el nivel del periodismo en España está bajando, por lo tanto hay que intentar buscar lugares donde el nivel sea más elevado, donde haya menos tertulianos y más expertos. Hay que leer prensa, leer informes, ir a actos de think tanks, formarse, interesarte por las cosas. Entrar en una redacción de internacional me parece lógico pero muchas veces ser corresponsal es una cosa arbitraria en el sentido de que te puedes formar mucho, pero terminen nombrando a otro. No siempre se nombra a las personas que más se lo merecen. Creo que el sencillo hecho de querer aprender y de ser curioso ya es una buena condición para llegar a ser un buen periodista. Y un buen periodista, seguramente pueda ser un buen corresponsal.
Pero tengo serias dudas de que vayamos a salir adelante en esta crisis de periodismo. Y además los corresponsales, somos una especie en extinción, sobre todo en la fórmula de la que yo estoy disfrutando, por eso me considero doblemente privilegiada.

Ilusiones no cumplidas

Guerra de nervios (Nervenkrieg) lo ha llamado la prensa alemana. El País destaca palabras de Merkel quien alaba la “cooperación franco-alemana” en esta negociación. Alberto Sicilia (@pmarsupia), blogger de Público.es en Ucrania, destacó el domingo la tranquilidad que reinaba en Donetsk. Sin embargo, parece no haber durado mucho. Apenas 24 horas después del pacto de Minsk, algunos, Sicilia incluido, afirman que el alto el fuego pende de un hilo.

Casi 17 horas duraron las negociaciones entre Poroshenko, Putin, Hollande y Merkel. Alemania y Francia debían guiar la conversación a través de los temas para conseguir al menos un alto el fuego en el conflicto. Lo que comenzó el 21 de noviembre de 2013 como Euro Maidan (Plaza Europa), dio un giro hacia un verdadero conflicto interno ucraniano a finales de enero de 2014. Desde entonces, Kiev ha pasado por varios gobiernos temporales, empezando el 22 de febrero de 2014 después de la huida del anterior presidente Yanukovich. Donetsk y Lugansk se han independizado, al menos los rusos reconocen su independencia, ya que estas dos “autonomías” como los llama Putin, son ciudades prorrusas.

Miles de personas han muerto durante el último año, los separatistas, afines a Rusia avanzan cada vez más. Según la prensa, Poroshenko necesitaba el alto el fuego, Putin, sin embargo, parecía jugar al póker, presionando para sacar ventaja sobre ventaja para los prorrusos. Un tema central en las negociaciones fue Debaltsevo. Una ciudad próxima a Donetsk, un punto estratégico en el conflicto. Gran parte de las fuerzas ucranianas se encuentran allí, intentando por todo lo posible defender este territorio, aunque estén rodeados por los separatistas. Este lugar en concreto casi hizo fracasar la conversación entre los cuatro líderes, dado que los líderes separatistas Igor Plotnizkij y Alexander Sachartschenko no querían firmar el acuerdo, a menos que los ucranianos se rindiesen y saliesen de Debaltsevo. Cuando Merkel, según el Frankfurter Allgemeine Zeitung, estaba a punto de partir, porque según ella, la negociación no llevaba a ninguna parte y era una pérdida de tiempo, Putin pareció entrar algo en razón y hablo personalmente con Plotnizkij y Sachartschenko. Finalmente, se acordó el alto el fuego que entró en vigor el sábado a medianoche.

No obstante, nadie sabe cuánto durará el silencio. Poroshenko, Putin, Hollande y Merkel mantuvieron una conferencia telefónica para analizar la situación hasta el momento, el lunes por la tarde. Ambos bandos debían de retirar poco a poco el armamento pesado para que, quizá en algún momento en el futuro se pudiesen llevar a cabo negociaciones de paz. Pero no parece que se vaya a llegar a ese punto, al menos no ahora. Apenas doce horas después de entrar en vigor el alto el fuego, Alberto Sicilia ya informó de nuevas explosiones en Donetsk. En la región de Donbass y en Debaltsevo siguen los combates. Y tanto ucranianos como separatistas se acusan los unos a los otros de no cumplir con lo pactado.

El mundo sigue temblando ante el conflicto armado en Ucrania. Y aunque, según las imágenes de Sicilia, la vida en Donetsk había dado un paso tímido hacia la normalidad, la población tendrá que esperar más tiempo para poder dar paseos tranquilos o pescar en ríos y lagos helados.

Actualización: Debaltsevo ha sido tomada por los prorrusos el 18 de febrero de 2015.