Vivir 600 años de historia de Hamburgo de manera diferente

Hamburg Dungeon
Fuente: eintrittskarten.de

Después de haber contado algo sobre chocolate y pizza y mi experiencia en la oscuridad, seguimos nuestra ruta por Hamburgo y paramos para saber un poco más sobre su historia. Pero no en un museo, sino en viaje en el tiempo durante 90 minutos. El Dungeon (mazmorra en español) de Hamburgo es una atracción turística diferente. 600 años de historia de la ciudad en un recorrido por habitaciones, pasillos, un pequeño viaje en barco y una caída libre.

Desde hace 13 años que existe el Dungeon en Hamburgo. Sin embargo, también se puede visitar en otras ciudades, como Berlín, Ámsterdam, Londres o York.

Al llegar allí te sacas una foto recreando una ejecución, por supuesto, todo es atrezo. Después de la foto comienza el viaje. Dentro de las habitaciones se reproducen hechos históricos de la ciudad, todo con toques de humor y pequeños sustos. He de decir que soy muy „miedica“ y al principio me enfadé bastante con mi madre porque sabe que los sitios oscuros y los sustos no me gustan nada. Ella se rió y me despachó con un „No te pongas así que no es para tanto“. Al final, tenía razón, no era para tanto.
Los actores cuentan algo “de su vida” y siempre implican al grupo. Así, hay que ayudarles o se te acusa de los pecados capitales delante de la Inquisición. Hay que estar atento a todo lo que te rodea, porque puede ser que de repente tengas que decidir el grito de guerra. Y “ni idea” no es que sea precisamente el mejor. Eso es lo que, claro estaba, me pasó a mí. Mi familia sigue sacando el tema de vez en cuando, „el grito de guerra de Wiebi“…

La biblioteca, la cámara de tortura, el gran incendio en 1842 que arrasó la ciudad, la peste o la ejecución del pirata Klaus Störtebeker son algunas de las historias por las que pasarás.

Es una manera diferente, graciosa de hacer llegar la historia al público. Claro está que algunos sustos te acompañarán en el viaje, pero todo hay que tomárselo con humor y calma.

Otro día en Hamburgo

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Fuente: Anne-Wiebke Peters

Con tantas cosas que ver y que hacer es obvio que con un día se queda demasiado corto. Después de haber pasado por el museo de chocolate Chocoversum y la cena en el MEHL, vamos a tener una experiencia completamente nueva: Diálogo en la Oscuridad. Una exhibición distinta, en la que experimentamos las situaciones del día a día de las personas con discapacidad visual. Existen exhibiciones por todo el mundo, en Europa podremos encontrarla en Alemania, Austria e Italia.

Cada 15 minutos un guía recoge a su grupo para introducirlo en su mundo, sumido en completa oscuridad. No se ve nada, ni siquiera se llegan a distinguir los contornos, y la desorientación te acompaña desde el inicio. Yo me di cuenta en ese momento, que el pintauñas que llevaba brillaba en la oscuridad. Así que no veía nada, excepto mis manos. Al no conocer esta situación es muy difícil saber de dónde vienen las voces o dónde se encuentra uno en ese mismo instante. Sin embargo, es asombroso cómo el guía sabe dónde se encuentra cada uno en cada momento. La chica que nos guiaba a nosotros se acordaba de los nombres y sabía de verdad dónde estabas. Para mí, eso era increíble. Es una experiencia inolvidable, poco frecuente, que te deja exhausto.

El recorrido pasa por seis situaciones diferentes, por ejemplo un mercado. El no poder ver implica tener que tocar y eso significa que no se debería tener miedo a lo que se pueda llegar a tocar. Todos sabemos el aspecto que tiene por ejemplo una col y si lo tocamos no pasa nada, porque hemos visto lo que es y sabemos cómo es. Pero si estás allí, sin ver absolutamente nada y tienes que pasar tus manos por fruta y verdura, toparte con una col no es demasiado agradable. No solo que no es agradable. A mí me dio mucho repelús. Y entonces te das cuenta qué implica la discapacidad visual. Confianza y no tenerle (demasiado) miedo a las cosas.

La visita dura aproximadamente 90 minutos, pero, sinceramente, es como si estudiaras durante horas. Requiere mucha concentración, utilizar todos los demás sentidos, y te deja agotado.

Terminado el recorrido, tienes la posibilidad de tomar algo con tu guía, preguntar cómo se desenvuelve en su día a día. Todos sabemos que muchos semáforos disponen de sonido para indicar cuándo cambian de color. Pero como normalmente no lo necesitamos, no vemos que no todos los semáforos, ni mucho menos, disponen de este sistema. Es entonces cuando nos damos cuenta del problema que implica esto para las personas con discapacidad visual. La guía de nuestro grupo contó que, a pesar de, todos los avances tecnológicos muchas veces no se tiene en cuenta esta discapacidad y se les dificulta su vida cotidiana.